Santa Fe debate la reforma electoral, pero sigue esquivando el debate tecnológico

De todos los proyectos ingresados en ambas cámaras, solamente uno -el presentado por el diputado provincial Walter Ghione- propone incorporar la discusión sobre la Boleta Única Electrónica. El resto se concentra en perfeccionar el modelo actual sin abrir el debate sobre una eventual evolución tecnológica del sistema de votación.
12/07/2026Redacción 12noticias.tvRedacción 12noticias.tv
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El Dr. Gonzalo Macco es Magister en Administración Pública y Presidente del Instituto de Gestión Pública del Colegio de Abogados de Rosario

La Legislatura de Santa Fe volvió a abrir el debate sobre el Código Electoral. Diputados y senadores presentaron distintos proyectos para modificar el sistema vigente, corregir procedimientos y actualizar reglas que llevan más de una década de aplicación.

 Sin embargo, hay una ausencia que llama la atención.

De todos los proyectos ingresados en ambas cámaras, solamente uno -el presentado por el diputado provincial Walter Ghione- propone incorporar la discusión sobre la Boleta Única Electrónica. El resto se concentra en perfeccionar el modelo actual sin abrir el debate sobre una eventual evolución tecnológica del sistema de votación.

 La situación refleja una paradoja que Santa Fe arrastra desde hace años.

La provincia suele ser reconocida por su capacidad para impulsar innovaciones institucionales. Fue pionera con la boleta única en papel, desarrolló mecanismos que luego fueron observados por otras jurisdicciones y recientemente protagonizó una profunda reforma constitucional.

 Pero cuando la innovación requiere incorporar tecnología al funcionamiento cotidiano del Estado, el entusiasmo parece disminuir.

 El ejemplo más evidente fue el expediente electrónico.

 Mientras el Estado nacional comenzaba en 2016, durante la presidencia de Mauricio Macri, la implementación del sistema de Gestión Documental Electrónica (GDE), iniciando la transformación digital de la administración pública, Santa Fe continuó durante años trabajando bajo la lógica del expediente papel. Recién en julio de este año logró reemplazar completamente el expediente papel por el expediente electrónico.

 No se trata de cuestionar ese avance, sino de advertir un patrón.

 Santa Fe suele innovar primero en las normas y bastante después en la tecnología necesaria para hacerlas funcionar.

 Lo curioso es que esa realidad convive con un discurso político prácticamente unánime.

 Oficialismo y oposición hablan de inteligencia artificial, transformación digital, innovación, modernización, gobiernos inteligentes y miles de funcionarios recorren diversos paises hablando y formandoce en smart city. Se organizan jornadas, congresos y capacitaciones; se promueven proyectos vinculados con la IA y se insiste, con razón, en que el Estado debe adaptarse a los desafíos del siglo XXI.

 Sin embargo, cuando esa tecnología debe ingresar plenamente al corazón de la administración pública, modificando procedimientos, reduciendo burocracia y cambiando la forma en que trabaja el propio Estado, las resistencias aparecen con rapidez.

 Y allí las diferencias partidarias prácticamente desaparecen.

 Quizás esa misma lógica explique lo que hoy ocurre con la reforma electoral.

 La discusión existe, pero gira alrededor de procedimientos, plazos y cuestiones operativas. Casi nadie parece dispuesto a preguntarse si el instrumento de votación también debería evolucionar.

 Y no es un debate menor.

 Un estudio reciente de CIPPEC, que analizó las experiencias de Santa Fe, Córdoba y Mendoza, concluye que el diseño de la boleta influye directamente en el comportamiento electoral. Modifica los niveles de voto cruzado, la cantidad de votos positivos e incluso puede impactar sobre la fragmentación del sistema de partidos.

 Es decir, la forma de votar no constituye un simple detalle técnico.

 También es una decisión institucional.

 Naturalmente, la Boleta Única Electrónica no es una solución mágica. Requiere auditorías independientes, respaldo en papel, controles informáticos, capacitación ciudadana y amplios consensos políticos.

 Pero una cosa es concluir, luego de un debate serio, que no resulta conveniente y otra muy distinta es que el debate ni siquiera exista.

 La Ciudad Autónoma de Buenos Aires utiliza este sistema desde hace años. Existen experiencias internacionales exitosas y también otras que dejaron lecciones sobre los recaudos que deben adoptarse. Lo razonable no es copiar modelos, sino analizarlos con evidencia y sin prejuicios.

 Santa Fe supo liderar una transformación electoral cuando incorporó la boleta única en papel.

 Quince años después, quizás el desafío ya no consista únicamente en modificar algunos artículos del Código Electoral o que el debate sea ampliar o reducir el número de boletas.

Tal vez el verdadero desafío sea otro. Aceptar que la innovación institucional del siglo XXI ya no pasa solamente por sancionar nuevas leyes, sino también por animarse a transformar la forma en que funciona el Estado.

 Porque la discusión de fondo ya no es si existe o no la tecnología. La inteligencia artificial ya llegó. La digitalización ya llegó. La automatización ya llegó.

 La verdadera discusión es si el Estado santafesino está dispuesto a dejar que esas herramientas entren definitivamente a su propia burocracia.

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