Seis mujeres a pleno sol en “Las insoladas”, de Gustavo Taretto

Seis mujeres a pleno sol en “Las insoladas”, de Gustavo Taretto

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El guionista y director, que hace tres años sorprendió con “Medianeras”, encuadra otro lugar del paisaje urbano porteño, una terraza, con eje en la historia de seis mujeres con edades más o menos parecidas y vidas algo aburridas que corren detrás de un sueño.

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Esta vez son seis mujeres, amigas que comparten clases de salsa y el sueño de viajar a Cuba de vacaciones, que coinciden el último y más caluroso sábado de diciembre de 1995 en la terraza de un edificio del microcentro, antes del concurso en el que esa misma noche pondrán a prueba su destreza como bailarinas.

En una larga tarde hasta el anochecer exponen sus angustias inocentes, sus deseos y sus esperanzas, en bikini, intercambiando anécdotas, exponiendo, además, sus personalidades, su sensibilidad frente al devenir del tiempo, luchando contra la soledad y la rutina que las agobia.

Un guión lleno de observaciones acertadas acerca de estas criaturas a las que trata con piedad, al servicio de seis actuaciones, las de Luisana Lopilato, Carla Peterson, Violeta Urtizberea, Marina Bellati, Maricel Alvarez y Elisa Carricajo que hacen historia.

Taretto, que es autor de cortos que inspiraron sus hasta ahora dos largometrajes, explicó el porqué de este encuadre de lo femenino y cómo fue trabajar con seis actrices talentosas, cada una con un perfil diferente tanto en su imagen como en su manera de encarar la profesión en ámbitos completamente diferentes.

-¿Cómo se da el tema de la observación urbana en tus filmes?
-Me di cuenta cuando me empezaron a invitar a retrospectivas de lo que hago, en cuanto a su relación con la ciudad y a partir de mi corto “Medianeras” me invitan caso todos los años a dar una charla en la Facultad de Arquitectura. Lo tengo incorporado, lo disfruto. Para mí el lugar donde va a desarrollarse la historia es determinante.
Los personajes los determinan los espacios en que desarrollan su vida y como en mi primer película fueron los monoambientes, ahora elegí que esa larga conversación tuviese lugar en un mismo espacio. Me gusta el planteo que desafía a partir del espacio.

-Hay algo de cinematográfico en la terraza que de alguna forma obsesiona a guionistas y directores que le sacan partido…
-Es un espacio que me gusta mucho porque al mismo tiempo está y no está en la ciudad, y como esas chicas lo que intentan es pasar un día al sol como si fuese en el Caribe, el nivel de abstracción tiene que ser mayor y la terraza es un lugar en el que si miran para arriba al menos no ven la ciudad.
Me gustan las terrazas de los 90, cuando todavía no existían los SUM (salones de usos múltiples), el solarium, la piscina, y estas chicas encima van a una que tiene una membrana, que ni siquiera es transitable, es decir que no es habitable sino para tránsito de los encargados de los edificios.

-¿Cómo nació la idea?
-Una de las claves para la idea de “Las insoladas” era que yo trabajaba en un piso 15 del microcentro, y tenía un ventanal enorme: me pasaba horas y horas del día observando lo que sucedía en otras terrazas. O eran chicas tomando sol o antenitas del cable, que en ese entonces estaba de moda.

-¿Solamente protagonistas mujeres?
-En la película final sí, en la original había un hombre, pero por un contratiempo que tuvimos en el rodaje tuve que eliminar. Era un cultivador de plantas de marihuana, que había escondido en la terraza.

-Seis mujeres todas en bikini toda la película…
-Todas las chicas consideraron esto a la hora de aceptar a la hora de hacer este filme. Obviamente desconocían qué relación podía tener la cámara con la bikini. Fue lo desafiante pero lo que más les interesó fue el tema de la película.
No es lo mismo borrar la sombra de un micrófono en el cuerpo de una mujer, o comenzar el rodaje temprano y maquillar todo el cuerpo, y exponerse al calor de un verano que fue el más caluroso del último siglo, con muchos días de alerta naranja y roja, pero también es una película en donde ellas están todo el tiempo en cámara, con una exposición total, física y de sus personalidades.

-¿Fue difícil convertir los dos personajes del cortometraje que hiciste con la misma idea y título en seis?
-Son compañeras de las clases de salsa y no del secundario o vecinas del barrio, completamente distintas entre sí. No quería que ninguno de los personajes fuera llevando la historia a su lugar. Era un elenco heterogéneo que debía encontrar un punto en común, que cada una debía abandonar su zona de confort. Y diferentes en varios sentidos, con experiencias diferentes.
Maricel Alvarez que es actriz de teatro experimental, Lopilato que viene de un éxito de TV, y el hecho de tener que hacerla coincidir en un rodaje le dio más fuerza al equipo, ya que fueron muy generosas las unas con las otras, cada una muriéndose de calor para darle pie a la que era protagonista de una u otra escena.

-¿Complicado trabajar con seis mujeres actrices?
-Cada escena incluía al resto del grupo por más que se vieran muy poco, y por ahí lo único que tenían que hacer era mirar. Todas fueron espejos las unas de las otras. Cuando se me ocurrió esta idea mucha gente del cine me preguntaba si estaba seguro de juntar seis mujeres en una película porque me iba a volver loco, pero no fue así, sino todo lo contrario.
Creo que lo que también influyó fue el sol, porque era el enemigo en común y ajeno. Fueron muy tolerantes, porque cuando hay seis actrices frente a una cámara los errores pueden multiplicarse por seis y en una repetición tienen que volver a trabajar las seis. Fueron muy generosas las unas con las otras.

-¿Qué balance haces?
-Creo que todos logramos poner la película por delante de todo, hubo temas de embarazos y nacimientos, largas esperas, cosas que postergaron por un año el rodaje, hubo un caso de terminar esta película y al día siguiente empezar otra, giras. Por suerte en la escritura del guión fui muy riguroso y logré equilibrio entre personajes que cada una tenga una funcionalidad en el conjunto.
Antes del rodaje las junté y en una pizarra les dibujé un sistema planetario en el que cada una de ellas era un planeta y tenía una funcionalidad, quién giraba alrededor de quién, las tensiones o atracciones que existían entre ellas, y la otra manera era decirles que cada una era un órgano de un gran cuerpo, y que cada una hacía que ese cuerpo funcione. Creo que lo entendieron.

-¿Qué fue lo más complicado?
-Fue más compleja que “Medianeras”, lo más importante filmar al sol, sin faroles, esperando que pase alguna nube, y con un calor extremo. Fue filmada en una terraza de Boedo con “green screen” (N.de R: pantalla verde), con mucha posproducción, cosa de borrar micrófonos, cañas e inalámbricos en las mallas, sombras, edificios del entorno aplicado.
Las cuestiones reales del calor: hubo gente que se abochornó, alergias, insolación diagnosticada por médico, baldes con hielo y toallas para que todos se estén refrescando. Ensayábamos en el piso inferior a la terraza, filmábamos dos o tres escenas y todos a descansar. Una y otra vez. Fue agobiante pero todo eso creo que nos dio más unidad a la hora de resolver cada escena.

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