La discusión electoral que Argentina todavía no se anima a dar

En Argentina solemos discutir el sistema electoral desde el lugar equivocado. Hablamos de la lista sábana, del arrastre o del diseño de la boleta, pero rara vez discutimos lo esencial: cuando votamos presidente, en realidad estamos votando un proyecto de país.
12/03/2026Redacción 12noticias.tvRedacción 12noticias.tv
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El Dr. Gonzalo Macco es abogado y presidente del Instituto de Gestión Pública del Colegio de Abogados de Rosario

En Argentina solemos discutir el sistema electoral desde el lugar equivocado. Hablamos de la lista sábana, del arrastre o del diseño de la boleta, pero rara vez discutimos lo esencial: cuando votamos presidente, en realidad estamos votando un proyecto de país.

Un presidente no gobierna solo. Necesita leyes, presupuesto, acuerdos parlamentarios y mayorías que transformen las promesas de campaña en políticas públicas. Por eso, elegir presidente también implica decidir qué respaldo legislativo queremos darle a ese rumbo político.

Durante años se criticó que muchos votantes acompañaran al candidato presidencial con la lista de diputados y senadores de su mismo espacio. Pero esa decisión también puede leerse de otra manera: como un voto consciente por un proyecto político completo. Porque gobernar no es solamente tener un liderazgo; gobernar es tener un programa y una mayoría capaz de convertirlo en leyes.

El diseño institucional argentino, sin embargo, evita los cheques en blanco. El sistema proporcional D’Hondt hace que la Cámara de Diputados refleje la diversidad política del electorado, mientras que el Senado introduce un contrapeso federal que obliga a cualquier proyecto nacional a dialogar con las provincias.

Cuando la política se organiza en tercios, como ocurrió en 2023, el sistema revela una de sus fortalezas. El balotaje resuelve quién conduce el Ejecutivo, pero el Congreso conserva la fotografía plural de la sociedad. El presidente tiene legitimidad para gobernar, pero no un cheque en blanco. Debe persuadir, negociar y construir mayorías. Lejos de ser una debilidad, ese equilibrio es una de las garantías más importantes de la democracia.

En ese contexto, discutir cómo votamos vuelve a ser relevante. Una Boleta Única de Papel bien diseñada podría permitir algo simple: que el votante identifique con claridad los proyectos políticos en competencia y decida si quiere respaldar ese proyecto también en el Congreso.

Eso no elimina el pluralismo ni impide que existan fuerzas que compitan solo por bancas legislativas. El sistema proporcional seguirá garantizando la presencia de distintas voces.

Pero sí ayudaría a sincerar algo que muchas veces queda oculto detrás de debates técnicos: las elecciones no solo definen nombres, definen el rumbo del país. Y ese rumbo no es abstracto. Implica decidir qué modelo económico queremos, qué tipo de Estado defendemos y también qué lugar ocupa Argentina en el mundo.

En un escenario internacional cada vez más tenso —con debates sobre democracia, autoritarismo y conflictos geopolíticos— los países necesitan posiciones claras. La política exterior, como la política económica o social, también forma parte del proyecto de país que una sociedad decide respaldar en las urnas.

Por eso, más que discutir solo cómo se imprimen las boletas, quizás deberíamos empezar a discutir algo más profundo: qué proyecto de Argentina queremos construir. Porque en democracia no solo se eligen dirigentes, se elige el país que queremos ser.

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