En el tablero de Santa Fe, mientras otros se pierden en laberintos burocráticos, Roly Santacroce prefiere la nitidez de la realización. Ha transformado a Funes en una vitrina de lo que es posible cuando la gestión se encuentra con la visión estratégica.
Las recientes investigaciones que involucran al actual Jefe de Gabinete y vocero presidencial, Manuel Adorni, volvieron a poner en el centro del debate público una cuestión que atraviesa a todas las democracias: cómo funcionan los sistemas de integridad pública cuando los cuestionamientos recaen sobre quienes ejercen responsabilidades de gobierno.
El daño que Adorni le infringe a la administración de Javier Milei es letal porque ataca el corazón del relato oficial: el sacrificio compartido. Mientras en cada rincón del interior y en ciudades como Rosario, el ciudadano de a pie hace malabares para pagar la luz y el pan bajo la promesa de un futuro mejor, el Jefe de Gabinete se refugia en la soberbia de quien se siente un monarca intocable.
Tras diez años en el poder, el "Modelo Ricci" ha mutado en una suerte de curaduría de lo insuficiente. Pero el problema no es solo la técnica; es la desconexión representativa.
En un movimiento que lo posiciona como un actor de peso ante la crisis de gestión, Ramírez confirmó: “Me puse a disposición del Intendente para todo lo que sume a la ciudad”. Con esta declaración, el Dr. Ramírez marca una diferencia clara: señala el agotamiento del ciclo oficialista, pero se ofrece como el puente para traccionar las transformaciones que VGG reclama con urgencia.
La pregunta que hoy recorre la ciudad no es de tinte ideológico, sino estrictamente administrativo: ¿Pagaron los organizadores el canon que marca la ordenanza, tal como lo haría cualquier vecino?
El presidente del Concejo Deliberante, Nicolás Ramírez, presentó un proyecto de decreto para que el municipio aclare si el "Campamento de Juventudes Socialistas" pagó los cánones correspondientes por el uso de las instalaciones públicas.
A la hora de buscar techo, el diputado no acudió a la banca privada —esa que él mismo celebra como el motor del progreso— sino al Banco Nación. Resulta, por lo menos, "insólito" (usando sus propias palabras) que alguien que sostiene que las empresas públicas no deberían existir, termine siendo beneficiario de una de sus líneas de crédito más importantes