El increíble motivo por el que acusan al socialismo de "decadente" desde un diario que ya nadie lee

Paulón no está banalizando la mística del partido de la rosa roja; le está disputando el sentido de la rebeldía y de lo popular a las nuevas identidades políticas en su propio terreno: el del impacto simbólico y el consumo cultural fragmentado.
10/06/2026Redacción 12noticias.tvRedacción 12noticias.tv
Opinión (1)
Sebastián Repetto es editor de 12noticias.tv

Existe un anacronismo delicioso en la política y el periodismo de cabotaje. 

Ocurre cuando las instituciones que habitan el ocaso de su propio modelo de negocios pretenden dictar cátedra sobre cómo se construye la densidad política en el siglo XXI.

El reciente embate de la prensa tradicional contra el diputado nacional Esteban Paulón, a propósito de su proyecto para declarar el “Día Nacional del Pogo y de la Cultura Ricotera”, es el síntoma perfecto de esa desconexión. Se acusa al socialismo santafesino de una supuesta "debacle cultural" desde las páginas de un formato que hoy languidece, cercado por la crisis de la tinta y la tiranía del algoritmo.

Para el observador analógico, la iniciativa de Paulón es frivolidad. Para quien prefiera hurgar en los pliegues de la supervivencia política, se trata de algo mucho más sofisticado: la comprensión de que, en la era de TikTok, quien no logra perforar la pantalla simplemente no existe.

La gramática del scroll infinito

Quienes añoran las grandes asambleas del siglo XX o las densas editoriales dominicales —esas que hoy disputan espacio con anuncios de clickbait sobre "cómo hacerse rico en Rosario"— olvidan un detalle conceptual periférico pero crucial: la política no se dirime en el vacío, sino en el territorio disponible.

  • La ilusión del ostracismo: Se señala que el socialismo, huérfano de las figuras mitológicas de Hermes Binner o Miguel Lifschitz, ha quedado desdibujado dentro de la alianza Unidos para Cambiar Santa Fe. Sin embargo, esa aparente subordinación es, en rigor, flexibilidad estratégica. El andamalaje técnico y los equipos de gestión que hoy sostienen las reformas estructurales del gobernador Maximiliano Pullaro llevan, en su gran mayoría, el ADN reformista que el socialismo cultivó durante tres décadas.

  • El nuevo territorio: Sostener una estructura partidaria basada exclusivamente en el folclore del comité es el pasaporte más seguro hacia la irrelevancia. En un ecosistema nacional colonizado por la lógica de las redes, la audacia metodológica de Paulón —colocar cartelitos en la banca, interpelar desde el lenguaje del espectáculo— no es una degradación de la herencia; es su traducción al idioma de las audiencias contemporáneas.

Paulón o la audacia del saltimbanqui

El cuestionamiento al itinerario del diputado santafesino merece un análisis invertido. Se lo fustiga por haber fijado domicilio en Buenos Aires en 2025 para disputar una senaduría nacional por la Ciudad Autónoma, y por regresar a su banca provincial tras un resultado adverso. Lo que la vieja guardia tipifica como "falta de cuadros" expone, en realidad, una agilidad metodológica indispensable para los tiempos que corren.

En la política contemporánea, los límites geográficos son porosos. La centralidad se disputa allí donde los micrófonos nacionales amplifican las discusiones. Atribuir la propuesta del "Día del Pogo" a la vacuidad conceptual es desconocer la historia reciente: el kirchnerismo, en su momento de mayor apogeo, comprendió que los fenómenos de masas son el aglutinante de las mayorías que la vieja retórica de la Concertación ya no logra interpelar.

Paulón no está banalizando la mística del partido de la rosa roja; le está disputando el sentido de la rebeldía y de lo popular a las nuevas identidades políticas en su propio terreno: el del impacto simbólico y el consumo cultural fragmentado.

El refugio de la rosa

El reproche recurrente sobre la falta de candidatos competitivos para recuperar de inmediato la intendencia de Rosario o el sillón de la Casa Gris asume que el poder solo se ejerce desde la cúspide ejecutiva. El socialismo, golpeado de manera trágica por la pandemia que se llevó a Lifschitz, optó por una retirada táctica pero no definitiva.

No hay ostracismo en ser el socio garante de la gobernabilidad de una provincia compleja. La autocrítica que el periodismo tradicional reclama a gritos quizás no se formule en documentos públicos, sino en los hechos: en la aceptación de que, para volver a liderar, primero hay que aprender a integrar.

Mientras el viejo orden mediático se desangra intentando retener a una audiencia nostálgica, la iniciativa que critican entiende perfectamente el pulso de la época. La rosa roja no ha perdido las garras; simplemente ha entendido que, en el invierno político actual, es más inteligente conservar las raíces y entender la lógica de las pantallas que sobreexponer los pétalos ante un espejo que está irremediablemente roto.

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