Pablo Fendrik estrena “El ardor”, un western con Gael García Bernal

Pablo Fendrik estrena “El ardor”, un western con Gael García Bernal

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El director regresó con un western atípico protagonizado y producido por el mexicano Gael García Bernal, quien encarna a un héroe que emerge del agua para salvar a una familia acosada por un grupo de matones que quieren robarles sus tierras.

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Se trata de su tercer largometraje, una coproducción entre Argentina, Estados Unidos, México, Brasil y Francia que tuvo su premiere mundial en el Festival de Cannes, en el que formó parte de la selección oficial fuera de concurso, y donde García Bernal fue uno de los integrantes del jurado oficial- y que llegará a las salas locales el jueves próximo.

En este western que transcurre en algún lugar impreciso entre Argentina, Brasil y Paraguay, García Bernal interpreta a Kaí, un misterioso hombre silencioso y solitario que emerge de las profundidades de un río y se interna en la selva para ayudar a una familia de campesinos, a la que un grupo de mercenarios están amenazando y asustando para robarle sus tierras.

Con la brasileña Alice Braga, como la hija del dueño de las tierras, hombre al que los intrusos asesinan a machetazos, “El ardor” tiene un elenco que completan el actor y director teatral argentino Claudio Tolcachir, Jorge Sesán, Lautaro Vilo y Julián Tello, quienes componen a un grupo de matones desalmados, que siembran el caos y el terror en la región para quedarse con los terrenos y así poder explotarlos en su provecho.

En una entrevista con Télam, Fendrik recordó que si bien en su inicio este proyecto se desarrollaba en la ciudad de Buenos Aires y narraba la historia real de un pirómano chino que incendiaba supermercados, al final sólo quedó lo que realmente le interesaba de la historia, “lo esencial: un personaje extraído de su entorno, un extraño, que debe mimetizarse con un nuevo lugar”.

“Fui entendiendo que los primeros borradores del guión y las primeras ideas eran muy oscuros y crípticos. Era una historia muy inexplicable. Estaba inspirada en una búsqueda que me iba a llevar a una dirección muy compleja. Quizás podía haber sido una novela o un cuento, pero filmarla iba a ser muy complicado”, señaló el director en relación a aquel proyecto inicial.

Sin embargo, el director de “El asaltante” y “La sangre brota” mantuvo en este nuevo filme algunos rasgos de aquella historia, como “la relación un tanto surrealista y mitológica del protagonista con un animal, la aparición de una persona que se puede convertir en tigre. Eso parte de muchas tradiciones chinas que yo leía y que, si bien para nosotros pueden parecer fantásticas, para ellos son pura verdad”.

“Quería encontrar algo más genuino para decir y todo sincronizó cuando fui a Misiones. Ahí encontré gente e historias que parecían decirme que lo que debía filmar era una situación del lejano oeste, porque aparecían mercenarios a echarlos. Empecé a escribir sobre esos personajes y situaciones, y me fui acercando cada vez más al género”, rememoró Fendrik.

Y añadió: “Me di cuenta que el western tiene cosas que a mi me encantan, como fuertes antagonismos y la posibilidad de establecer una historia de venganza. Hay algo de conflicto de sangre y de venganza muy elementales. Y también un ejercicio de libertad y liviandad que te ofrece trabajar dentro de los parámetros del género que para mi era muy atractivo”.

Fendrik sostuvo que el suyo “es un western atípico donde ocurren cosas que no siguen al pie de la letra los cánones del género. Es que podés dialogar con ese molde, porque te da la posibilidad de repensarlo y hacer tu propio aporte al género. Tiene algo lúdico que es muy lindo, estás haciendo algo que viste mil veces como espectador. Es algo altamente estimulante”.

Si bien no lo piensa en términos ecológicos, Fendrik desarrolla en el filme un alegato a favor del cuidado de la naturaleza y el ecosistema: “Lo que me interesaba mencionar es que al mundo le tomó millones de años para tomar su forma y nuestra forma de aproximarnos a ella es muy elemental en el peor sentido. La idea de que alguien vaya y lo destruya para fines materiales me parecen brutal y aberrante”.

El cineasta señaló que “el 80% de la provincia de Misiones fue arrasada para plantar pinos. Estuve casi un año buscando selvas donde poder filmar, pero hay sólo zonas protegidas, cuando antes toda esa provincia era una gran selva. Es una masacre muy jodida la que ocurre ahí”, advirtió.

En la película, García Bernal encarna a un personaje mitológico y totalmente ficticio, una especie de ‘nahual’, la versión humana de un jaguareté, un ser metafísico y simbólico que recuerda un poco a las mitologías mesoamericanas, donde se establece un vínculo directo con lo sagrado.

“No son un mismo ser desdoblado, pero hay una relación especial entre él y ese animal”, dijo Fendrik y agregó que “eso habla que si vos llegas a un lugar que te es ajeno y aprendés a vivir siguiendo sus reglas lo que obtenés a cambio es un entendimiento muy profundo de tu lugar en el universo. Habla de una empatía, un entendimiento místico entre esos dos seres”.

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