
Mercado Pago y usura: la trampa digital que asfixia a la clase media mientras el Gobierno mira para otro lado
Redacción 12noticias.tv
Arrancamos con los datos duros, porque a los relatos oficiales les encantan los títulos rimbombantes, pero la calle quema. El Financial Times —sí, el diario de los británicos que miran la Argentina con esa frialdad quirúrgica— acaba de publicar un informe lapidario que desnuda la gran contradicción del modelo. Título contundente: “Los argentinos luchan por pagar sus deudas en la dolorosa reforma económica de Javier Milei”.
Y la verdad duele, duele mucho. Nos repiten hasta el hartazgo que la inflación bajó desde aquel espantoso 289% hasta el 34%. Nadie sensato puede discutir que el orden fiscal es una prioridad absoluta y que el déficit cero era una urgencia nacional. Pero miren el otro lado del mostrador, por favor. Mientras en los despachos oficiales festejan planillas de Excel impecables, en la economía real hay 5,8 millones de argentinos —casi un tercio de los prestatarios— que están con la soga al cuello, colgados de los pinceles y con los pagos atrasados.
Hablemos sin anestesia, con los pies sobre la tierra. Acá la gran especialidad de la crisis es la bicicleta de la miseria: la gente saca un préstamo para pagar otro préstamo. Es el cuento de la buena pipa, pero en versión dramática. El chofer de aplicación que va a la cueva y pide guita al 300% de interés porque el banco lo rebota, o la piba de veinticuatro años que se endeuda en la tarjeta al 132% para alquilar un cuartito después de separarse.
Y acá es donde aparece el verdadero protagonista invisible de este drama cotidiano: Mercado Pago y todo el ecosistema de las billeteras digitales y prestamistas no bancarios. Te venden la agilidad tecnológica como la panacea de la modernidad, pero en los hechos se han convertido en el motor de una usura legalizada que aviva la bronca de una sociedad harta de hacer malabares. Te dan un préstamo con dos clics, te ahogan con tasas imposibles, y cuando la mora se quintuplica en 18 meses, la respuesta oficial te despacha con una risita cínica diciendo que es un “problema entre privados”.
¿Cómo va a ser un problema entre privados cuando tenés a la mitad de los ingresos de una familia promedio devorados por los gastos fijos y las deudas? ¿Cómo va a ser entre privados cuando las billeteras digitales operan como un festival de tasas usureras sobre una masa salarial pulverizada? El ministro Luis Caputo busca por cielo y tierra cómo inventar nuevos créditos para reactivar el consumo, pretendiendo que la economía vuelva a respirar usando como nafta un endeudamiento que ya no se puede sostener. Pero le erran al diagnóstico con una desfachatez inmensa: casi dos de cada tres nuevos morosos dejaron de pagar no porque sean vagos o especuladores, ¡sino porque se les evaporó la capacidad de pago! No hay plata, carajo. Así de simple.
Nadie niega que había que ordenar este desarmadero fiscal que nos dejaron. Pero gobernar un país no es mirar gráficos desde una torre de cristal mientras el tejido social se desgarra pedazo a pedazo. Un país no sale adelante aplaudiendo un equilibrio macroeconómico que se sostiene sobre los escombros y la desesperación de su propia gente.
Despiértense. La Argentina real no entra en un tuit, y el drama de la usura digital nos está explotando en las manos.


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