Pablo Javkin contra el "club de las ruinas": El nuevo paradigma de la Rosario posible

El diagnóstico del intendente es de una agudeza casi sociológica. En Rosario, como en tantas otras ciudades capturadas por el conservadurismo patrimonial, se ha instalado una suerte de "antidesarrollo" con pretensiones culturales.
21/04/2026Redacción 12noticias.tvRedacción 12noticias.tv
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Javkin ha decidido, finalmente, romper el cristal de la corrección política para señalar a un actor tan invisible como dañino: el “club de defensores de las ruinas”.

Para desentrañar la densidad política de lo que ocurrió este lunes en Puerto Norte, en la apertura del Consejo Federal de la Cámara de la Construcción, hay que mirar más allá de la estadística del cemento. Lo que Pablo Javkin escenificó frente a Gustavo Weiss y la plana mayor de la Camarco no fue un balance de gestión; fue un manifiesto de guerra contra una estética de la parálisis que ha gobernado Rosario durante décadas.

Javkin ha decidido, finalmente, romper el cristal de la corrección política para señalar a un actor tan invisible como dañino: el “club de defensores de las ruinas”.

El fetiche del escombro y la "fe antidesarrollo"

El diagnóstico del intendente es de una agudeza casi sociológica. En Rosario, como en tantas otras ciudades capturadas por el conservadurismo patrimonial, se ha instalado una suerte de "antidesarrollo" con pretensiones culturales. Son sectores que, en nombre de la historia, condenan al presente al abandono absoluto. "Prefieren que una propiedad se caiga antes que generar una solución que permita sostenerla", disparó Javkin con la frialdad de quien ya no tiene tiempo para protocolos ni para consensos de salón.

Hay aquí una defensa de la racionalidad económica aplicada al urbanismo. Javkin entiende que el patrimonio sin viabilidad es, simplemente, una escenografía para la decadencia. Su apuesta por flexibilizar normativas y compatibilizar la preservación con la rentabilidad no es un guiño a la especulación; es la comprensión de que una ciudad que no se renueva es una ciudad que se muere bajo el peso de sus propios escombros. Es el fin de la "cultura de la ruina" para dar paso a la cultura del valor generado.

La anomalía de las 730 cuadras: ¿Milagro o gestión?

El dato es una bofetada a la inercia del ajuste nacional: 730 cuadras de pavimento definitivo en ejecución simultánea. Para dimensionar el número, hay que recordar que el récord histórico de Rosario era de apenas 120. ¿Cómo se explica este fenómeno en medio de la sequía de fondos nacionales? Javkin recurre a una máxima de una simplicidad aplastante: "Cuando no se roba, se hace".

Hay una tesis ética que se convierte en tesis financiera. La austeridad de "manos limpias" no es para Javkin un eslogan de campaña, sino el combustible que permite invertir 247 mil millones de pesos en obra pública mientras el resto del país contempla el parate. Javkin ha logrado algo infrecuente en la política argentina: transformar la transparencia en metros cúbicos de hormigón. Cuando la caja no tiene filtraciones, el asfalto llega a los barrios.

Desarmar el Estado burocrático: El fin de los "peajes" invisibles

Frente a los constructores de todo el país, el jefe del Palacio de los Leones exhibió sus trofeos de guerra contra la burocracia: la derogación de 42 tasas municipales, de las cuales 12 asfixiaban específicamente al sector constructor. Javkin está enviando un mensaje al mercado: Rosario es hoy un refugio de racionalidad administrativa.

Al eliminar el "absurdo rol del Estado" como controlador de aportes profesionales —un peaje que demoraba meses la factibilidad de los proyectos—, Javkin está desmantelando los mecanismos de obstrucción que históricamente han frenado el desarrollo urbano. Es el Estado retirándose de donde molesta para estar presente donde se necesita: en la infraestructura vial y el espacio público.

El grito del interior: Basta de financiar el vacío

Donde el discurso de Javkin adquiere una dimensión nacional es en su disección del esquema impositivo de los combustibles. El dato es escandaloso: el vecino de Rosario paga un 33% de impuestos cada vez que carga nafta, un flujo de capital que se evapora en los pasillos de la Casa Rosada y del cual "a la ciudad no vuelve un peso".

Es el reclamo de un federalismo de la resistencia. Javkin le está diciendo al poder central que no hay superávit fiscal sostenible si se deja de invertir en la infraestructura que genera el ingreso. No se puede pretender una recaudación récord si se abandonan las rutas y los puertos que conectan la riqueza santafesina con el mundo. Es la política de la inversión contra la política del "canuto" fiscal.

Conclusión: Rosario volvió

Rosario ha salido del "toque de queda" de la criminalidad para entrar en el dinamismo de la obra pública. Javkin cerró su exposición con una frase que suena a desafío y a promesa: “Rosario volvió”.

Lo hizo enfrentando a los nostálgicos del abandono y a los defensores de normativas anacrónicas que solo servían para vigilar la caída lenta de los edificios. Javkin parece haber comprendido que el verdadero patrimonio de una ciudad es su capacidad de reinventarse. Y lo está haciendo de la única forma posible: con honestidad, con inversión y, sobre todo, con la decisión política de no dejar que los "custodios del derrumbe" sigan dictando el futuro de Rosario. Es tiempo de máquinas, no de ruinas.

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