
Desde el Palacio de los Leones contemplaron el despliegue con el frío pragmatismo de quien conoce las leyes de la gravedad institucional. El oficialismo ni siquiera se vio obligado a desgastar a sus espadas retóricas o a transpirar la camiseta para clausurar el intento de veto. Le bastó la constatación del tablero de asistencia.










