Universidad Pública o Barbarie: el desprecio libertario por el futuro educativo argentino

Atacar a la Universidad Pública es, en el fondo, un acto de odio hacia la identidad argentina. Es despreciar ese hilo invisible que une a las generaciones en la esperanza de que el mañana sea mejor que el ayer.
12/05/2026Redacción 12noticias.tvRedacción 12noticias.tv
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Sebastián Repetto es editor de 12noticias.tv 

Lo que estamos presenciando no es una gestión económica, es un experimento de demolición social. El oficialismo, refugiado en una torre de marfil digital y alimentado por el resentimiento de sus propios algoritmos, ha decidido que el enemigo a abatir es la Universidad Pública. Para la narrativa libertaria, aquello que no puede ser tasado, comprado o vendido en el mercado simplemente no tiene derecho a existir.

Es de un cinismo absoluto que quienes se llenan la boca hablando de "libertad" sean los mismos que le ponen un candado presupuestario al pensamiento crítico. La libertad que pregonan es, en realidad, la libertad de los herederos; para el resto, para el pibe que labura y estudia en Rosario o en cualquier rincón del país, lo que hay es una condena a la ignorancia programada. No buscan "auditar" para mejorar; buscan asfixiar para arrodillar.

La estrategia es tan vieja como autoritaria: difamar para desfinanciar. Agitan el fantasma del "adoctrinamiento" con la misma torpeza intelectual con la que manejan las planillas del Estado. Es una cortina de humo diseñada para ocultar lo imperdonable: que están rifando el capital humano de la Nación. Mientras se jactan de un superávit financiero que solo existe en los papeles de la City, están generando un déficit civilizatorio que nos va a costar décadas recuperar. Para la lógica libertaria, un científico es un gasto y un aula llena de alumnos es una amenaza a su hegemonía del tuit.

Atacar a la Universidad Pública es, en el fondo, un acto de odio hacia la identidad argentina. Es despreciar ese hilo invisible que une a las generaciones en la esperanza de que el mañana sea mejor que el ayer. Quieren un país de mano de obra barata y mentes dóciles, una colonia tecnológica que solo consuma lo que otros producen.

Gobernar a base de memes y provocaciones tiene un límite, y ese límite es la dignidad de un pueblo que entiende que la educación no es una mercancía. La soberanía no se alcanza con discursos de barricada ni con una motosierra desbocada; se construye con presupuesto, con ciencia y con libros.

El Gobierno debería entender que la Universidad Pública es la última frontera de nuestra resistencia cultural. Si creen que pueden borrar cien años de historia con un posteo en redes sociales, no solo son crueles: son, fundamentalmente, unos ignorantes de la potencia de su propio pueblo.

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