
Fuego amigo en el búnker radical: Michlig le soltó la mano a Enrico y en el peronismo ya preparan los pochoclos
Redacción 12noticias.tv
En el ecosistema político de Santa Fe, donde el radicalismo suele gestionar sus tensiones con una parsimonia de comité, el estallido del jueves en el Senado provincial no es solo una disputa de presupuesto. Es un tratado sobre la psicología del poder.
Felipe Michlig, el veterano estratega de San Cristóbal y arquitecto de la ingeniería electoral que depositó a Maximiliano Pullaro en la Casa Gris, ha decidido encender una señal de alarma que debería preocupar al Gobernador. No por el contenido de un pedido de informes sobre 54 viviendas, sino por lo que ese texto omite y lo que el subtexto revela: la fractura de una confianza.
La escena en el recinto fue de una densidad shakesperiana. Michlig, el "segundo en la línea sucesoria" —como él mismo se encargó de recordar con la precisión de quien cuenta los galones antes de una batalla—, cargó contra Lisandro Enrico. El blanco es el Ministro de Obras Públicas, pero el proyectil va dirigido a una forma de ejercer la gestión que, según Michlig, ha caído en el vicio más antiguo de la política santafesina: la discrecionalidad territorial.
El pecado de la licencia
Hay un punto que Michlig tocó y que en el entorno de Pullaro cayó como ácido: la validez ética de la licencia de Enrico. El senador por San Cristóbal confesó un arrepentimiento que tiene sabor a confesión de parte. Al cuestionar la permanencia de Enrico como senador con licencia mientras ejerce el Ejecutivo, Michlig está señalando una anomalía institucional que el radicalismo prefirió ignorar en el brindis de la victoria.
"El poder cambia, la lapicera cambia", sentenció Michlig. Es la frase de un creador que observa, con espanto, cómo su criatura ha cobrado vida propia y, lo que es peor, ha desarrollado una caligrafía que solo beneficia a General López.
El reproche de Michlig no es solo administrativo. Es histórico. Al recordar que él "impulsó este proyecto político" frente a quienes lo "usufructuaron", el senador establece una jerarquía de pertenencia.
En el código de Michlig, Enrico es un inquilino de un edificio que él ayudó a levantar. Y un inquilino que, según la denuncia, está decorando su propio cuarto con los materiales que debían ir al living común.
La interna "puertas afuera"
Lo que hasta ayer era una tensión de pasillo, hoy es una crisis de gobernabilidad interna. La defensa de Leticia Di Gregorio, la reemplazante de Enrico, no hizo más que confirmar la sospecha de Michlig. Al intentar refutar los números del senador con datos específicos del Ministerio, Di Gregorio expuso la simbiosis entre la banca y la cartera. Para Michlig, la prueba del delito: el Ministerio de Obras Públicas funciona como una extensión del comité de Venado Tuerto.
El conflicto por las viviendas de San Cristóbal —obras nacionales transferidas y hoy en un limbo de ejecución— es la superficie de un problema más hondo. Se trata de la supervivencia del norte frente al sur. Michlig, que ha sobrevivido a todos los inviernos del peronismo y a las primaveras socialistas, no está dispuesto a aceptar que, bajo un gobierno de su propio signo, el criterio de eficiencia se convierta en una excusa para el centralismo departamental.
El silencio de Pullaro
El Gobernador Pullaro, por ahora, queda "totalmente al margen", según las palabras de alivio de Michlig. Pero en política, el silencio tiene fecha de vencimiento. Michlig ha puesto una soga al cuello de la gestión de Enrico: o hay respuestas técnicas convincentes sobre el abandono de las obras en el norte, o el Senado se convertirá en un tribunal de examen para un ministro que, hasta hace poco, se sentaba en esas mismas bancas como un par.
La pregunta que queda flotando en el aire de la capital provincial es si estamos ante un berrinche de un caudillo territorial o ante la primera gran grieta de Unidos.
Por ahora, Michlig ha dejado claro que su lealtad es con el proyecto, pero su paciencia tiene el límite de las fronteras de su departamento. Como suele ocurrir en la política de Santa Fe, el diablo no está solo en los detalles, sino en el reparto de los ladrillos.


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