Cómo convertir un conflicto en una experiencia reparadora

Cómo convertir un conflicto en una experiencia reparadora

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El libro “De madres e hijas” se construye a partir de la carta que una hija le escribe a su madre proponiéndole revisar el vínculo que las une a partir del testimonio de amigos para superar los puntos oscuros que dañan la relación, y llegar a lo que la autora define como una instancia de “sanación” o “reparación”.

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Las protagonistas de esta experiencia son Julieta Imberti, licenciada en Ciencias de la Educación, y su hija Paula Herrera, artista, dedicada a la elaboración de papel hecho a mano, quienes durante 14 años se propusieron romper las cadenas de repetición de conductas que viciaban el vínculo.

“Fue un proceso lento, pero muy rico, porque recibir lo que pensaban los amigos y los amigos de nuestros amigos de nosotras -a través de un mail o un papel- fue vernos en un espejo diferente, que nos hizo muy bien; así pude ver errores míos que me decidieron muchísimo a cambiar”, dice Imberti, madre de Paula, en una entrevista con Télam.

“Sin eso no hubiéramos podido hacer nada, y nadie dijo cosas maravillosas, sino que nos señalaron dónde estaba el punto de conflicto y me pareció un camino hermoso, aunque también doloroso”, afirma Imberti.

Las opiniones de los demás le permitieron recordar el tipo de vínculo que había mantenido con su madre y que estaba repitiendo con su hija, de 34 años, criticando o marcándole crudamente cosas que no le gustaban acerca de cómo era su casa o qué hacía su marido, con el que vive en Uruguay, desde donde le envió la carta en la que le sugirió revisar esas cuestiones.

“Yo me dispongo a escribirte con todo el amor y respeto que siento por vos. Es mi intención que nos entendamos, que aprendamos a no pelear. Llevo treinta y cuatro años siendo tu hija, tenés asegurado mi amor y ese lugar único que sólo vos y yo compartimos”, dice la carta que le envió Paula a su madre, en el libro editado por Lugar.

Y le propone: “Te invito a que recuerdes cómo eran tus treinta años, dónde ponías tu amor, tu tiempo, tu energía. ¿Cómo te veía tu mamá? ¿Cómo sería la nona Ada a los treinta? ¿Cómo la vería su madre? Es mi intención tomar conciencia de esto y cortar esta cadena de repeticiones”, agrega Paula en la misiva.

Si bien el proceso les llevó 14 años, la experiencia fue tan liberadora que “a la semana de escribir la carta, Paula queda embarazada, eso te dice algo”, cuenta Imberti, quien dirige la fundación Educación para la Salud (Edupas) y organiza talleres sobre educación sexual.

El conflicto que generaba fricciones radicaba en que “uno intenta educar a su hijo como quiere, para que haga lo que a uno le parece que está bien, pero llega un momento en que lo que a uno le parece que está bien no lo es para su hijo, porque cada uno es forjador de su propia vida”, reconoce Imberti.

“La experiencia nos permitió ver que había otra posibilidad: pasar de repetición a la reparación, un proceso que fue gradual”, dice.

Para Paula Herrera, escribir esa carta inicial “nos permitió pararnos desde otro lugar y preguntarnos qué estábamos haciendo con el problema”.

Abrir el conflicto a otras personas significó “cambiar el camino para resolverlo, así que agradezco lo sucedido porque se abrieron otras puertas de crecimiento” aunque “llevó mucho tiempo captar lo nuevo”.

“Si me hubiera enojado como lo veníamos haciendo no lo hubiéramos resuelto, porque cuando uno repite siempre las mismas respuestas no resuelve el conflicto”, asegura.

Herrera, quien hoy tiene una hija de 15 años, considera que “hay que confiar en los hijos, porque son quienes nos eligen para que los acompañemos en su camino de la vida”.

“Sabés que estoy acá y te puedo acompañar y dejarte solo cuando lo necesites; respetar tus experiencias, porque nadie la puede evitar; y estorbar lo menos posible en ese camino”, considera Herrera que es el mensaje que uno como madre o padre debería dejarle a un hijo, aunque no sea sencillo.

Quienes leen el libro “te dicen que aprendieron mucho, me llaman, se presentan y se ponen a llorar; en estas páginas encuentran cosas con las que se sienten identificadas; no las conozco ni se cómo llegaron hasta mí, pero algo les pasa en su vínculo como madres”, dice Imberti.

“Recibí comentarios que nunca antes tuve en mi vida sobre otros libros que escribí. Inclusive me han llamado hombres diciendo que a ellos les pasa lo mismo y me piden que escriba un libro sobre la relación entre padres e hijos”, se sorprende Imberti.

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