
Adorni y el certificado de defunción de la superioridad moral de los libertarios
Redacción 12noticias.tv
La política argentina, ese eterno retorno de las ambiciones humanas, nos ofreció este miércoles un espectáculo de una crudeza pedagógica. En el Salón de Conferencias de la Casa Rosada, Manuel Adorni no solo intentó defender su patrimonio; lo que hizo, en realidad, fue firmar el certificado de defunción de la supuesta superioridad moral de los libertarios. Lo que vimos fue el debut oficial de la "Casta con Peluca", una versión reciclada, más joven y con mejores redes sociales, de los mismos vicios que prometieron incinerar.
El daño que Adorni le infringe a la administración de Javier Milei es letal porque ataca el corazón del relato oficial: el sacrificio compartido. Mientras en cada rincón del interior y en ciudades como Rosario, el ciudadano de a pie hace malabares para pagar la luz y el pan bajo la promesa de un futuro mejor, el Jefe de Gabinete se refugia en la soberbia de quien se siente un monarca intocable. "Al viaje lo pagué yo; no tengo por qué explicar una transacción privada", lanzó con el cinismo de quien confunde el Estado con su cuenta bancaria personal.
Pero hay un detalle que la retórica tuitera no puede tapar: si ese vuelo privado a Uruguay fue facturado por una productora proveedora de la TV Pública —área que Adorni maneja con mano de hierro—, no hay "privacidad" que valga. Estamos ante un conflicto de intereses de manual, una estética del privilegio financiada por el ecosistema público que él mismo administra. Es, lisa y llanamente, usar el cargo para veranear con el rigor del presupuesto ajeno mientras se le pide a la gente que aguante el hambre.
Adorni se mostró este miércoles como lo que realmente es: un dirigente de piel fina y ego inflado que desprecia el escrutinio. "Sos apenas un periodista", le espetó a un cronista, en un acto de cobardía intelectual que delata su pánico a la verdad. En ese "apenas" se lee el ADN de un autoritarismo ilustrado que se cree dueño de una verdad revelada por el solo hecho de haber ganado una elección. Adorni ya no es el analista ácido que cuestionaba el gasto público; hoy es el funcionario que se muda a un country en Exaltación de la Cruz y se ofende cuando le preguntan de dónde salió la plata.
Para el libertario de a pie que creyó en la motosierra y que hoy se priva de lo básico, la imagen de Adorni en jet privado es una bofetada. El Gobierno está demostrando que la "vara alta" era solo para los de afuera, para los que no tienen oficina en Balcarce 50. Adorni ha demostrado ser un exponente más de esa vieja política de los modales bruscos y las explicaciones pendientes. Si la "libertad" consistía en que ellos pudieran viajar en aviones privados mientras el resto del país cuenta los centavos, entonces la estafa moral está consumada. Al final del día, Manuel Adorni, parece que lo único que cambió fue el peinado del que nos miente desde el atril.


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