Integridad pública en Argentina: más autonomía también exige más capacidad

Una Escuela de Gobierno no debería ser simplemente un espacio para organizar cursos. Puede convertirse en una herramienta permanente de profesionalización de los gobiernos locales, destinada a funcionarios, equipos técnicos y agentes municipales.
21/09/2026Redacción 12noticias.tvRedacción 12noticias.tv
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El Mg. Gonzalo Macco es el Presidente del Instituto de Gestión Pública del Colegio de Abogados de Rosario

Hablar de integridad pública no es solamente hablar de corrupción. Es hablar de cómo funciona el Estado, de cómo se toman las decisiones y de qué reglas e instituciones existen para asegurar que quienes ejercen funciones públicas actúen en función del interés general.

La integridad pública puede entenderse como la actuación coherente con principios y normas éticas que priorizan el interés público por sobre los intereses particulares. La prevención de la corrupción es una parte central, pero no agota el concepto.

Y hay una diferencia importante con el compliance. Mientras el compliance busca que una organización cumpla con las normas y gestione sus riesgos legales y regulatorios, la integridad pública tiene una dimensión más amplia: procura que las instituciones y quienes las integran actúen correctamente incluso allí donde la norma no alcanza a describir cada situación.

En los últimos años, distintos países comenzaron a avanzar en esa dirección. España, por ejemplo, viene incorporando al debate público herramientas vinculadas con la prevención de conflictos de intereses, la transparencia, la ética pública y la protección de la integridad institucional. El desafío ya no aparece solamente como una cuestión de sancionar conductas corruptas, sino de construir condiciones para prevenirlas.

¿Dónde estamos parados en Argentina?

Nuestro país no parte de cero. Existen normas sobre ética pública, declaraciones juradas, acceso a la información, contrataciones, conflictos de intereses y mecanismos de control. También existen organismos con competencias específicas.

Pero todavía queda una discusión importante: ¿tenemos realmente un sistema de integridad o tenemos un conjunto de herramientas que funcionan de manera fragmentada?

No alcanza con acumular normas. Hay que discutir cómo se utilizan los datos para detectar riesgos, cómo se previenen los conflictos de intereses, qué hacemos frente a las llamadas puertas giratorias, cómo se coordinan los organismos de control y, fundamentalmente, qué capacidades tiene el Estado para aplicar todo ese entramado.

Porque la integridad también se construye con profesionalización.

Un funcionario que conoce las reglas de contratación, identifica un conflicto de intereses, comprende cómo gestionar los recursos públicos, utiliza información para decidir y conoce los mecanismos de transparencia está en mejores condiciones para prevenir riesgos.

Esta discusión adquiere una dimensión todavía mayor en los gobiernos locales.

Santa Fe atraviesa una nueva etapa institucional a partir de la reforma de su Constitución y del reconocimiento de una mayor autonomía municipal. Las cartas orgánicas y las nuevas responsabilidades que podrán asumir los municipios abren una oportunidad histórica para fortalecer los gobiernos locales.

Pero la autonomía no es solamente una cuestión jurídica.

Más autonomía significa también más capacidad para decidir, administrar recursos, diseñar políticas públicas y responder ante los ciudadanos. Y cuanto mayor es la capacidad de decisión, mayor es también la necesidad de contar con instituciones profesionales, transparentes y preparadas.

Por eso, la discusión sobre las Escuelas de Gobierno municipales adquiere especial relevancia.

Una Escuela de Gobierno no debería ser simplemente un espacio para organizar cursos. Puede convertirse en una herramienta permanente de profesionalización de los gobiernos locales, destinada a funcionarios, equipos técnicos y agentes municipales.

Gestión pública, planificación, presupuesto, compras y contrataciones, transparencia, ética, innovación, gobierno abierto y nuevas tecnologías son algunas de las capacidades que los municipios necesitan desarrollar para afrontar las nuevas responsabilidades.

Esto también es integridad pública.

Porque prevenir la corrupción no comienza únicamente cuando interviene un organismo de control. También comienza cuando el Estado cuenta con personas capacitadas para tomar decisiones, conoce sus obligaciones, identifica riesgos y dispone de herramientas para actuar correctamente.

El desafío de la nueva etapa es claro: más autonomía municipal debe ir acompañada de más capacidad estatal.

Y construir esa capacidad también es una política de integridad.

Porque un Estado íntegro no es solamente aquel que sanciona cuando algo sale mal. Es aquel que construye instituciones, desarrolla capacidades y prepara a quienes las integran para que las cosas se hagan bien desde el principio

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