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title: "Un Estado que no aprende termina administrando el pasado"
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date_published: "2026-08-20T15:54:00-03:00"
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  - "Gonzalo Maco"
  - "profesionalizacion del Estado"
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# Un Estado que no aprende termina administrando el pasado

![Opinión (1)](/download/multimedia.normal.a0f049be04ccccf6.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

****El Dr. Gonzalo Macco es Presidente del Instituto de Gestión Pública del Colegio de Abogados de Rosario****

Cuando llega la hora de ajustar el presupuesto, hay una partida que suele parecer fácil de recortar: capacitación.

Es lógico. Frente a una emergencia, un curso parece menos urgente que una obra, un medicamento o una computadora.

Pero hay una pregunta que casi nunca hacemos: ¿cómo pretendemos tener un Estado más eficiente si no desarrollamos las capacidades de las personas que tienen que hacerlo funcionar?

Un Estado no puede ser mejor que las capacidades de quienes lo integran.

Podemos cambiar leyes, digitalizar trámites, incorporar inteligencia artificial o anunciar una reforma administrativa. Pero finalmente alguien tiene que implementar todo eso. Y ese alguien necesita conocimientos, criterio profesional y capacidad para adaptarse.

Por eso capacitar empleados públicos no debería ser entendido como un beneficio laboral ni como una actividad para llenar certificados. Debería ser una política de fortalecimiento del Estado.

Y hay una diferencia importante: capacitar no es lo mismo que formar.

Un curso puede transmitir información. Formar implica desarrollar competencias, criterio, capacidad de gestión y adaptación al cambio. Podemos tener empleados con veinte certificados y una administración que sigue funcionando exactamente igual.

El problema, entonces, no es hacer más cursos. Es preguntarnos qué necesita aprender el Estado.

Las políticas públicas son cada vez más complejas. Inteligencia artificial, análisis de datos, transformación digital, evaluación de políticas, transparencia e integridad ya no son cuestiones reservadas a especialistas. Son parte de la gestión cotidiana.

La tecnología puede cambiar rápidamente. Las normas también. Las demandas sociales, mucho más.

El Estado también tiene que aprender.

Eso exige pasar de una capacitación reactiva, un curso cada vez que aparece un problema, a una política estratégica de desarrollo de capacidades.

También exige vincular formación, mérito, carrera y desempeño. Si capacitarse no tiene ninguna relación con la trayectoria profesional, el mensaje institucional es bastante claro: da lo mismo aprender que no aprender.

La formación tiene además un valor que suele olvidarse: construye memoria institucional.

Los gobiernos cambian y las políticas deben cambiar cuando la sociedad así lo decide. Pero el Estado no debería empezar de cero cada cuatro años. Las capacidades técnicas, la experiencia y el conocimiento acumulado deberían permanecer.

Profesionalizar el Estado tampoco significa copiar mecánicamente al sector privado. Lo público tiene responsabilidades específicas: legalidad, transparencia, derechos, rendición de cuentas e interés general. Por eso necesita desarrollar capacidades propias.

Quizás por eso la discusión sobre el Estado debería dejar de estar atrapada exclusivamente entre “más Estado” o “menos Estado”.

La pregunta más importante es otra:

¿Qué capacidades tiene el Estado que tenemos para resolver los problemas que la sociedad le plantea?

Un Estado grande puede ser ineficiente. Uno pequeño también puede ser incapaz.

Por eso formar a quienes trabajan en el Estado no es simplemente mejorar a los empleados públicos. Es mejorar la capacidad del Estado para responder.

La pregunta no debería ser cuántos cursos hicimos, sino qué aprendió el Estado y qué cambió después de ese aprendizaje.

Porque un Estado que deja de aprender no queda quieto.

Empieza a administrar el pasado.

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