---
canonical_url: "https://12noticias.tv/contenido/420/concejales-kirchneristas-banderas-y-monumento-el-extravio-de-la-politica-y-el-de"
title: "Concejales kirchneristas, banderas y monumento: El extravío de la política y el debate inoportuno"
article_type: "Article"
description: "Es probable que este mamarracho legislativo naufrague, sepultado por el repudio de una sociedad que, por fortuna, suele demostrar bastante más sensatez que sus representantes. Pero el daño, en términos de convivencia cívica, ya está consumado."
main_image: "https://12noticias.tv/download/multimedia.grande.b8bf08f12bcdbbad.Z3JhbmRlLndlYnA%3D.webp"
date_published: "2026-08-15T19:30:00-03:00"
date_modified: "2026-08-15T19:36:58-03:00"
tags:
  - "12noticias.tv"
  - "Banderas extranjeras en el Monumento"
  - "Rosario"
  - "Sebastián Repetto"
author_name: "Redacción 12noticias.tv"
author_url: "https://12noticias.tv/usuario/2/redaccion-12noticiastv"
---

# Concejales kirchneristas, banderas y monumento: El extravío de la política y el debate inoportuno

![Opinión](/download/multimedia.normal.9cfc71d799f81251.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

****Sebastián Repetto es editor de 12noticias.tv y CEO de Alerta Spoiler contenidos****

Hay una extraña inclinación en cierto sector de nuestra dirigencia política: ante la impotencia flagrante para gestionar los problemas estructurales —esos que laceran cotidianamente la vida del ciudadano, como la inseguridad o la degradación de la infraestructura—, se produce un desplazamiento táctico hacia el terreno de lo simbólico. Es un mecanismo de compensación. Si la realidad es indomable, al menos intentemos reglamentar la semántica de nuestras plazas.

Es exactamente lo que acaba de ocurrir en el Concejo Municipal de Rosario. Tres ediles kirchneristas —Pablo Basso, Mariano Romero y María José Poncino— han decidido, con una premura que delata mucha más urgencia ideológica que sentido común, presentar un proyecto para restringir el uso del mástil escolta del Monumento Nacional a la Bandera.

La iniciativa busca impedir de cuajo el izamiento de enseñas extranjeras, dinamitando una tradición que, como bien ha recordado el historiador Miguel Carrillo Bascary, es casi tan coetánea como el propio Monumento, inaugurado hace ya 69 años.

El argumento, cuidadosamente revestido de un patriotismo de ocasión, intenta ocultar la precaria arquitectura de la sospecha que lo sostiene.

Para estos concejales, el flamear de una bandera extranjera no representa el reconocimiento a la pluralidad cultural que fundó Rosario —esa ciudad que se hizo a sí misma a través de la inmigración—, sino una afrenta que debe ser sumariamente censurada.

¿Cuál es el pecado original que despierta tanta susceptibilidad? Que un día flameó la bandera de los Estados Unidos por su aniversario patrio y, en otro, la de Israel.

Uno no puede dejar de observar aquí la manifestación de un prejuicio ideológico muy arraigado en determinados sótanos del kirchnerismo: la necesidad imperiosa de construir, de manera permanente, un "otro" al cual mirar con recelo. El Movimiento Evita, que suele hacer gala de un discurso de barricada, se descubre de pronto abrazando un chauvinismo de baja intensidad, casi pueblerino.

La ironía no se le escapa al observador atento: mientras el tejido social de la ciudad es corroído por desafíos colosales que exigen una gestión del Estado inteligente y coordinada, nuestros representantes dedican sus horas legislativas a pelearse con los paños de seda que ascienden por un mástil.

El secretario de Gobierno del intendente Pablo Javkin, Sebastián Chale, ha calificado la iniciativa de “cuasi fascista”. Es una definición dura, tal vez por el peso histórico del término, pero apunta directamente al núcleo del problema: la pretensión autoritaria de uniformar el espacio público bajo una mirada excluyente. Hay allí una lectura deliberadamente miope de la historia rosarina. Rosario no es un campamento cerrado; es, en su mejor versión, un crisol que jamás necesitó de la comisaría ideológica de Basso, Romero o Poncino para comprender qué significa ser argentino.

La concejala oficialista Carolina Labayru ha sido aún más directa, quizás porque el tono de la política local se ha vuelto de una aspereza inusitada. Labayru sugiere que, ante la absoluta incapacidad de ofrecer soluciones reales frente al delito y la violencia, el Evita busca importar una "grieta" artificial que, en este plano, simplemente no existía. Es una tesis sumamente plausible: cuando la política se queda vacía de futuro, se refugia en la fabricación de mitos fundacionales a medida, atacando tradiciones que la propia sociedad había internalizado como un signo de convivencia democrática.

Lo más grave no es, sin embargo, el texto insulso del proyecto en sí. Lo verdaderamente alarmante es la proyección autoritaria de este tipo de iniciativas. ¿Qué sigue en la agenda de estos censores? ¿La revisión de qué apellidos son tolerados en los registros civiles por sonar demasiado poco "nacionales"? El gesto de los concejales del Evita es sintomático de una política que ha perdido por completo su capacidad de diálogo y se aferra desesperadamente al efectismo performativo.

Al final del día, el Monumento seguirá allí, impasible, erguido frente al río, viendo pasar los años y las modas efímeras de la dirigencia. Es probable que este mamarracho legislativo naufrague, sepultado por el repudio de una sociedad que, por fortuna, suele demostrar bastante más sensatez que sus representantes. Pero el daño, en términos de convivencia cívica, ya está consumado.

Han intentado, una vez más, dividirnos entre los iluminados que "aman la patria" —según su propia y mezquina definición— y los que, por recordar el origen inmigrante que nos dio forma, son marcados con sospecha.

Una lástima. Rosario merecía, en esta encrucijada, una política a la altura de su historia y no encerrada en los laberintos de su propio resentimiento.

---

*Contenido creado y optimizado para IA con [Medios CMS](https://medios.io)* — Plataforma profesional para la gestión de medios digitales y portales de noticias.
