La penúltima bala del gobierno, por Jorge Asís

La penúltima bala del gobierno, por Jorge Asís

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En 1983, el sociólogo Juan José Sebreli, un “socialista solitario”, publicó “Los deseos imaginarios del peronismo”. Hoy sería el indicado para estudiar los deseos imaginarios del macrismo. Pero Sebrelli se hizo (casi) macrista.

Los argentinos que sean adictos al Tercer Gobierno Radical deben bancar la ceremonia de los aumentos superiores al índice de inflación. Pero sólo hasta mayo. Después -suponen- los aumentos mantendrán el ritmo equiparable de la inflación. De a poco el gradualismo vence (otro deseo).

Cuesta entusiasmar con otro segundo semestre. Los adictos ni se atreven siquiera a sugerir que para el último trimestre de 2018 podrá respirarse con menor tensión.

Confirma la Garganta, con cierta euforia:

“La bonanza de los cambios se va a notar recién en 2019”. Año, casualmente, electoral.

El penúltimo deseo imaginario consiste en los PPP (Participación Público Privada). Entendidos como la base de la salvación.La máxima apuesta para mantenerse en el poder, más allá de 2019. Para imponer la continuidad y desterrar al peronismo.

El ministro Luis Caputo, El Toto, es un Newman pura sangre. Veneración y respeto. Disertó en el lanzamiento de las RER (Red de Expresos Regionales de la Ciudad de Buenos Aires). Sobre el Esquema PPP para desarrollo de la infraestructura. El plan “más ambicioso de nuestra historia”.

Cuentan ya con 60 proyectos identificados, para una algarabía de 30 mil millones de dólares. Y generar “empleo de calidad”. Para “Energía y Minería. Transporte, Comunicación, Tecnología, Agua. Saneamiento, Vivienda, Salud…”.

PPP, Participación Pública y Privada. Metodología para encarar la construcción keynesiana de obras de “importancia estratégica”. A los efectos de poner en movimiento, de una vez por todas, el cascajo estancado de la economía. Culpa -siempre- de “la herencia recibida”.

Corredores Viales. Miles de kilómetros de autopistas. Las ofertas de empresas extranjeras (algunas asociadas con nacionales) se van a recibir en la licitación de abril.

Ejecuciones monumentales para que sean pomposamente inauguradas por Mauricio, El Angel Exterminador, en vísperas de la ansiada reelección que postergue el conglomerado de causas judiciales que, sin impaciencia, esperan.

En la epopeya de la penúltima bala se desenvuelve el tridente del Barcelona. Lo compone el ideólogo, director técnico, Mario Quintana, Luz de mis Ojos I, cada vez más celado. Un habilidoso armador de fideicomisos (algunos bastante conflictivos, como el de Tortugas Open Mall). Estrella ascendente del TGR, aunque no participe de la mesa ultra chica, ni pueda imponer Farmacity en la provincia de Buenos Aires. Luz de mis Ojos I aporta el envoltorio jurídico.

Luce también, en el tridente, el citado Toto, encargado de diseñar la compleja estructura financiera. Consta que El Toto es el más eficiente especialista en resolver los problemas que él mismo genera.

Y por último Guillermo Dietrich, El Guiyo, Geniol II, el instrumentador. Contempla el horizonte con el gesto altivo del que aguarda un superior protagonismo político.

Parque Fotovoltaico Caucharí. Paseo del Bajo. Cuenca del Río Salado. Túnel de Agua Negra. Hospitales, cárceles, redes eléctricas, escuelas.

La penúltima bala de los PPP arrastra el polvo de cemento que le va a permitir al rostro presidencial lucir cascos de estadista ganador. Cascos para fotografiar también a la señora gobernadora. Y hasta del conductor del Maxi Quiosco. Cascos multiplicados para los gobernadores, Mini-gobernadores que también quieren mojar la medialuna de los cascos.

Obra pública financiada por privados. Keynesianismo conveniente del Estado que no tiene dinero para invertir.

Al cierre del despacho, el Estado tampoco brinda garantías a los mitificados inversores externos. Un conjunto de atorrantes dignos, aunque bastante reticentes, que se abstienen de “ponerla”, como lo dijo con más elegancia Su Excelencia, el embajador de Japón.

Mientras tanto, los cuestionados constructores argentinos, varios de ellos preocupados por situaciones judiciales, tampoco tienen capitales disponibles para financiar las obras públicas que les propone el Estado, sin pagarla en lo inmediato.

Para sobrevivir, para llevarse alguna moneda, los empresarios deben “dejar de llorar por los rincones” y competir. Como lo sentenció el ministro Cabrera, El Galán Tardío.

Entonces, para no quedarse afuera, los empresarios se muestran interesados en mojar la medialuna en el tazón de la nueva fórmula PPP. Afán que contrasta -sin afanar- con la imposibilidad de bancarlo.

Los patriotas buscan asociarse con los milagrosos fondos de inversión (que en general integran). Para que los fondos banquen la financiación que los financie, y financie, en simultáneo, al Estado que quiere dejar de ser bobo. Pero le cuesta. Mucho.

No sorprende entonces el desfile de empresarios y de buscapinas que suelen aventurarse en la Gran Manzana. Para tramitar el mangazo de la asistencia, tal vez en el edificio de la 57 y Quinta, en la Nueva York de Sinatra. En la sigilosa búsqueda del joven argentino de moda, contactado y cordial. Un ejecutivo de aceptable remuneración que ya es considerado, sin el menor rigor, el nuevo dueño de la Argentina. Por haber asociado a su Fondo, Poinstate, al Pampa de Mindlin. Por haberle comprado, junto a dos socios ilustres, un Parque Eólico de diversiones a Gian Franco Macri. Y por haberse quedado, en el revoleo, por miserables cien millones de dólares, con el Sheraton de Retiro.

El delirio de cemento puede ser la salvación (imaginaria) del TGR. Ni Plan A ni B, en la práctica los PPP son la penúltima bala. Como en el tango, la última es la bala del final.

Los PPP se siguen cotidianamente desde la Subsecretaría de Participación Pública y Privada. Depende de El Toto (que depende de Luz de Mis Ojos I). Tiene al frente a un despierto muchacho de 33 años, José Luis Morea, formado en Australia, que luce el básico uniforme de macrista y reporta a Pablo Quirno.

Es Quirno el jefe de Gabinete del Ministerio de El Toto, mientras su titular -El Toto-, se concentra en conseguir los capitales que posterguen el epílogo invariable del Estilo Ponzi.

La pólvora -o “la rueda”, como la denomina Morea- está inventada. Los PPP se pusieron en práctica en Perú, con relativo éxito, como en Colombia y Chile, en Australia y en Inglaterra.

En los años 90, el ministro Roberto Dromi, Sai Baba, intentó imponerlo en la patria, sin suerte.

Pero fue el macrismo que lo convirtió históricamente en la ley 27.328, hacia finales de 2016.

Hasta ahora, de la ambiciosa complejidad de las PPP, lo más logrado es la página web de la subsecretaría. Colmada de promisorias figuritas, de power points ilustrativos que aluden a “trillones de dólares”, con marcados autoelogios hacia el funcionamiento edilicio de los acueductos virtuales, los puertos y puentes imaginarios como los deseos del macrismo.

Aunque sea voluntariosamente artificial, debe celebrarse el optimismo que abunda.

Indica que ya no hay cemento que alcance para construir el delirio planificado. Aquí el TGR basa gran parte de su propósito de mantenerse en el poder. Ser reelecto por otros cuatro años, y conservar -sobre todo- la prioritaria provincia de Buenos Aires. Ya que Luz de mis Ojos I, por instrucción presidencial, pretende perforar La Matanza. Y vencer al peronismo con cemento, triturarlo con caños y ladrillazos.

La euforia del cemento deriva en anticipada carencia. Consta que ya se importa cemento desde Portugal. Con el tiempo, va a ser un gran negocio el acaparamiento de clinkers.

Es la pieza clave, el clinker, en el proceso de la elaboración del cemento. Pelotitas horneadas de arcilla y de caliza molida, que pronto van a dar mejor rentabilidad que el dólar.

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